Pasión y trabajo, unida a un principio, el utilizar la innovación para reforzar la tradición ofreciendo siempre la máxima calidad en cada vino que lanzan al mercado. Emilio Moro es, sin duda, un referente de los vinos españoles dentro y fuera de nuestras fronteras que ahora tiene a José Moro, la tercera generación de la familia, al frente de la bodega. Hablamos con él de prestigio y trayectoria, pero también de excelencia, de comercialización y, sobre todo, de internacionalización.

José Moro asegura que los bodegueros españoles deben ser los primeros en creerse que hacen el mejor vino del mundo e implicarse en la primera línea de la comercialización bajo la creencia de que el vino es una gran bandera que puede sumar mucho a la riqueza de este país. No en vano la familia Moro ha sabido convertir la difícil situación económica en una oportunidad con una mejora de la productividad y la comercialización de sus vinos.

La singularidad de sus vinos, el respeto por la tradición y la evolución de sus añadas son aspectos que diferencian los vinos de Emilio Moro, ¿cómo se ha construido esta identidad de marca tan respetada dentro y fuera de España?

Para construir una marca con tanta identidad, hay que trabajar muy bien todos los aspectos que influyen en ella. Primero, hay que trabajar la calidad del producto, respetando al máximo la tradición y la elaboración del vino, del que no hay que olvidar que su principal protagonista es la uva. Por otro lado, es imprescindible tener una buena imagen asociada a la calidad del vino, y por último, pero no menos importante, trabajar la comercialización del producto personalmente, es decir, la familia, en este caso mi familia, ha de involucrarse al máximo en la presentación de los vinos que elaboramos, y debemos transmitir esa pasión a todo aquel que quiera disfrutar o conocer nuestros productos.

Ser una bodega de referencia en el panorama vitivinícola español, ¿conlleva un peso extra de responsabilidad? ¿Cree que sus decisiones influyen en el sector?

Evidentemente, la responsabilidad es cada día mayor ya que debemos demostrar en cada botella que abrimos la calidad que tienen nuestros vinos y el amor que hemos puesto a la hora de elaborarlo. Normalmente las personas y las empresas, nos fijamos en las trayectorias de los líderes para intentar mejor nuestra propia trayectoria, aunque realmente no sabría decirle si nuestras decisiones o nuestro comportamiento como bodega pueden influir en el sector.

Hace poco afirmaba que España sigue siendo la gran desconocida en los mercados internacionales, a pesar de producir los mejores vinos de Europa y del mundo, ¿qué echa en falta para poner remedio a esta deficiente exportación?

Efectivamente lo digo y lo mantengo. Lo primero que hace falta, es creernos que producimos los mejores vinos del mundo, y para ello debemos poner toda la pasión en demostrar al mundo la calidad de nuestros “caldos”. En segundo lugar, se debería realizar una política común por parte de la administración bajo la creencia de que el vino es una gran bandera que puede sumar mucho a la riqueza de este país. Y en tercer lugar, creo que las bodegas deberían apostar e invertir más en comercialización, deberíamos coger la botella debajo del brazo para correr sin recelo por todos los rincones del mundo.

La crisis es una palabra con inevitables connotaciones negativas, pero también puede verse como cambio, oportunidad… ¿qué ha supuesto para Emilio Moro?

La crisis nos ha hecho cambiar absolutamente todo. Primero hemos tenido que ajustar y hacer más productiva la Bodega mejorando los métodos de trabajo. Por otro lado, ha había una mayor concienciación de que el camino correcto para llegar a la excelencia es ofrecer la máxima calidad por ello la mejor manera de competir en este mundo global es dando la máxima calidad asociada a nuestra forma de hacer, nuestras variedades, nuestra tradición, nuestra cultura y nuestra innovación. Por último ha había que hacer un cambio total en la estrategia de comercialización, construyendo equipos comerciales bien formados capaces de posicionar nuestros vinos en las mejores estanterías.

Tradición e innovación son las dos fuerzas sobre las que pivota la bodega, ¿cómo se conjugan ambas fuerzas para alcanzar el equilibrio?

Es muy fácil conjugar ambas cosas cuando nuestra filosofía tiene un pensamiento único basado en: “utilizar la innovación para reforzar la tradición”, porque la calidad de nuestros vinos está basada en la tradición. Nosotros no utilizamos la innovación para distorsionar la esencia del pasado, sino para reforzarla.

Hace un año aproximadamente cambiaban las etiquetas de sus vinos, ¿qué tal ha funcionado esa apuesta por unas etiquetas muy diferentes, centradas en imágenes familiares pero con elementos innovadores como el código BIDI?

Hoy en día, el consumidor aprecia de una manera positiva que detrás de un vino exista una tradición puesto que le da una garantía de calidad. Si eso, como idea, lo empezamos a plasmar en las etiquetas, estaremos ayudando a transmitir algo que consideramos fundamental, en definitiva, estamos mostrando continuamente de dónde venimos.

Los premios más prestigiosos han acompañado desde hace años los vinos de esta bodega, ¿qué supone obtener estos reconocimientos? Cuando se han obtenido las máximas distinciones, ¿cuál es el nuevo reto que se plantean?

Los premios y el reconocimiento de la crítica son elementos que ayudan a la comercialización y conocimiento del producto. Aunque también es cierto que unas veces se consigue y otras no. No olvidemos que uno de los elementos más importantes en la consecución de un gran vino es tener las mejores condiciones climatológicas y eso no depende de nosotros. Pero lo más importante es conseguir lo mejor dentro de las peculiaridades de cada año y ponerlo a disposición del consumidor, que realmente es el verdadero “entendido” y el que sabe reconocer lo que le gusta y lo que no. Algunas veces, alguno de nuestros vinos no ha obtenido las puntuaciones que desde nuestro punto de vista creíamos que merecía, y sin embargo, luego el mercado ha reconocido su verdadera calidad.

Han sabido leer la fortaleza del turismo como elemento inextricable del sector del vino, ¿cómo se ha implementado el enoturismo en las bodegas de la familia?

El enoturismo supone una fidelización de nuestros consumidores y por eso lo trabajamos con dedicación, porque abrir las puertas de nuestras bodegas supone que los clientes la vean a “corazón” abierto. Es una manera de mostrar el arte y la maestría que supone hacer un buen vino.

La Responsabilidad Social Corporativa ha sido otro de los grandes pilares en los que se han centrado en los últimos años, ¿qué proyectos han llevado adelante desde la Fundación? ¿Qué otros proyectos tienen previsto llevar adelante?

La Responsabilidad Social Corporativa, es la expresión de nuestra forma de ser, somos gente llana y generosa, como nuestros vinos, y esta es la manera de poner nuestra “gota” de vino para ayudar a esta sociedad tan desigual a través de nuestra Fundación Emilio Moro.

Dentro de nuestros proyectos, podemos destacar la ayuda y colaboración Fundación Dianova cuyo objetivo era acercar el agua potable y los saneamientos adecuados a las zonas más necesitadas de Nicaragua, así como mejorar las condiciones de vida de las personas más carentes y luchar contra las desigualdades del reparto del agua.

Otro de los proyectos, en el que personalmente estuve bastante implicado, fue financiar la vuelta de los camioneros españoles que quedaron retenidos en Sierra Leona por falta de medios y de trabajo, y que desafortunadamente en la actualidad siguen luchando por traer sus camiones y recuperar su trabajo. Colaboraciones con otras fundaciones como Fundación Yo Niño, acuerdos con el Banco de Alimentos, cenas benéficas…

Dentro de la propia bodega, contamos con iniciativas que aportan beneficios a la fundación a través de nuestro vino Clon de la Familia, Apadrina tu Cepa, Joyas solidarias, Galas Benéficas…

Realmente tenemos un gran abanico de proyectos e iniciativas que nos permiten ayudar y colaborar con los que más lo necesitan de acuerdo a nuestra filosofía.

Hace poco también se convertía en la primera bodega con una visita adaptada a las necesidades de las personas con discapacidad visual, un proyecto que arrancaba en 2010, ¿Cómo se ha llevado adelante esta fuerte apuesta por abrir el mundo del vino a toda la sociedad?

Ha sido una iniciativa de Enoturismo más de la bodega dentro de nuestro tercer pilar de Responsabilidad Social y dentro de la oferta enoturística. El proyecto se ha llevado directamente de la mano de ONCE, los cuales personalmente han participado en la formación de nuestro departamento de Enoturismo, visitando la bodega y orientándonos en la adaptación de la Bodega a personas con discapacidad visual.