Su producción supone el 17% del total de las islas Canarias, pero su diversidad de bodegas y elaboraciones, centradas en variedades autóctonas, la convierten en territorio de gran interés

Una tierra volcánica como la de Lanzarote, con el clima subtropical seco que le caracteriza, sorprende que pueda acoger el cultivo de la vid. Pero lo hace. Y de qué manera. Hasta 10 metros tienen que profundizar las raíces de la planta para encontrar el manto fértil que se esconde tras la capa volcánica. Pero los lanzaroteños han sabido sacar partido desde hace siglos a la climatología adversa y a las peculiares condiciones de su terroir para extraer de él hasta el último vestigio de vida. Del manto depositado por la lava hace cientos de años nace estos vinos, de los que en 2014 se produjeron algo más de 1,8 millones de botellas.

Aunque la producción de Lanzarote apenas supone el 17% del total del vino producido en las Islas Canarias, estamos frente al segundo territorio más interesante para entender los vinos canarios. Aquí la reina es la Malvasía Volcánica, una uva pequeña y perfectamente adaptada a sus difíciles circunstancias de vida. Pero el color del vino lanzaroteño, aunque predominantemente blanco dorado, también es tinto, rosado y espumoso, elaborado con variedades como la Moscatel, Listán Blanca y Negra, Diego, Burra Blanca y Negramoll y con una producción ecológica que va sumando adeptos. El año pasado ya fueron 12.000 kilos los que se recogieron bajo las estrictas pautas, una cantidad que apenas supone aún el 2,2% del total.

Actualmente son 17 las bodegas que conforman laDenominación de Origen Vinos de Lanzarote, constituida en 1993, y aunque aún está muy lejos de Tenerife, con cinco denominaciones y más del 70% de la producción total de los vinos de Canarias, poseen algunas bodegas con cierta pujanza que están haciendo esfuerzos por modernizar sus instalaciones y externalizar su comercialización, especialmente en EE.UU, Alemania y, en menor medida, en el mercado asiático, a dónde ya se exportan estos vinos.

Tradición e innovación

En la isla encontramos bodegas de muy diversa índole, desde las más pequeñas y familiares a otras de más historia y volumen como pueden ser Stratvs, Mozaga, creada en 1880, o El Grifo, considerada la más antigua de Canarias y una de las más antiguas de España, al estar datada su fundación de 1775. Esta última posee, además, el Museo del Vino, uno de los más completos dedicados a la historia y producción del vino y que cuenta con una biblioteca de más de 3.000 ejemplares, algunos de ellos datados del s.XVI.

Contrasta esta bodega de mayor tamaño con otras más jóvenes, constituidas en la primera década del 2000 o aquellas que se encuentran dentro mismo de una cueva volcánica, como Timanfaya, con una producción de apenas 5.000 botellas, aunque es en La Geria, el corazón vitivinícola de la isla, donde encontramos concentradas el mayor número de bodegas ya que estamos frente a uno de los terrenos más aptos para el cultivo de la vid. La práctica de cultivo de la vid en esta isla se desarrolla en zonas en las que el suelo fue cubierto por una capa de lapilli de espesor importante. Estas circunstancias se dieron en zonas cercanas a conos de emisión, especialmente las que tuvieron lugar entre los años 1730 y 1736. Son estas arenas volcánicas las que preservan la humedad de la tierra vegetal, actuando como un manto termoregulador que evita la excesiva radiación solar y los vientos desecantes.

La forma de desarrollar el cultivo consiste en la apertura de un hoyo de unos 3 m. de diámetro por 2-2,5 m. de profundidad hasta llegar a la superficie del suelo enterrado, en el que se produce la plantación de la vid con sistemas radiculares profundos. Frecuentemente, el hoyo, va acompañado de una estructura de piedra que actúa de cortaviento que protege a la plata y conjuntamente al primero, componen un paisaje vitícola propio de Lanzarote que alcanza su máxima expresión en La Geria.

Competividad y nuevos productos

Sin embargo, esta forma de cultivo no permite el uso de maquinaria, por lo que las labores se desarrollan totalmente de forma manual desde la plantación hasta la recogida de la uva, lo que imposibilita el empleo de densidades de plantación altas, con el escaso rendimiento que esto conlleva, obteniéndose producciones bajas pero de calidad y con costes de uva elevados, que rondan entre el 1,60€ y el 1,75€/kilo de uva recogida.

Estos costes son también los que hacen que los bodegueros tengan complicada su comercialización en competencia con otros vinos que se comercializan en la isla, tanto canarios como peninsulares. Una situación que ha dado lugar a la búsqueda de nuevos mercados y la prospección de nuevos productos, como es el caso de los espumosos que lanzó El Grifo, o de nuevos servicios como el enoturismo. Así, podemos encontrar dos rutas de vino propuestas a través de Turismo de Lanzarote, así como diferentes propuestas en las visitas a las bodegas, así como degustaciones, tiendas gourmet y catas comentadas, actividades todas ellas en las que la bodega La Gueria fue pionera, apostando claramente por la modernización de sus instalaciones y por la venta directa en bodega.

Además de las actividades que se desarrollan en las propias bodegas se ha hecho un esfuerzo para vincular el vino con otras actividades como competiciones deportivas -Lanzarote Wine Run-, musicales, o musicales -Festival Sonidos Líquidos- o gastronómicos, a través de festivales enogastronómicos como Saborea Lanzarote.